Mamá, Papá, me voy de vacaciones |
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| Escrito por Perla Larzabal |
| Lunes, 30 de Enero de 2012 09:28 |
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Esto indica una marcada tendencia que se acentúa cada año cuando muchos adolescentes -de ambos sexos- deciden por primera vez tomarse unos días de descanso, con amigos y sin su familia. El psicólogo social, licenciado Carlos Tryskier (MN 45079), asegura que los chicos se van de vacaciones solos cada vez a edad más temprana. “Cabe preguntarnos -dice el profesional- si un chico de 15 ó 16 años está en condiciones de autocontrolarse y hacerse responsable de sus actos, sin control de ningún mayor, con mucho tiempo libre a veces consumiendo alcohol y expuesto a episodios de violencia. Sucede que independencia y desenfreno suelen ser sinónimos en las mentes de los adolescentes ante la idea de liberarse de sus padres”.
De todos modos y, más allá de los peligros a los que pueden estar expuestos, salir solos es todo un desafío para ellos. Respecto de esto, Tryskier comenta: “Las vacaciones pueden ser el momento para demostrar cómo utilizan lo aprendido y cuán responsables pueden ser. Los jóvenes necesitan sentirse seguros y que sus padres confíen en ellos dándoles la oportunidad para que demuestren cómo se desenvuelven y comportan cuando no están en familia”.
Según el psicólogo, en parte es necesario que este proceso de liberación se dé en algún momento. “El mayor peligro a esta edad es que el adolescente se quede pegado a los padres por miedo a ‘salir’ al mundo y a vivir sus propias experiencias, quedando a merced de quedar atrapado en una relación simbiótica con el peligro de ser devorado por ella. Ser independiente es apropiarse e individualizarse para forjar un propio camino, su propia identidad. El sentido de libertad (poder elegir) se relaciona con el de independencia y al de responsabilidad”.
Tryskier afirma que, a pesar de esas ansias de liberarse y de dar los primeros pasos solos, con una vacaciones lejos de la familia, hay en ellos un dejo de incertidumbre. “El joven intenta separarse para obtener independencia, pero a la vez extraña la protección paterna. Se produce, pues, una tensión entre estos dos sentimientos”.
Para el licenciado este tipo de experiencia abre nuevos horizontes cognitivos en los chicos. “Además de generarse cambios en la forma de relacionarse con los demás, también surge en el adolescente una nueva comprensión y un conocimiento de sí mismo. Esta nueva perspectiva puede incluir cambios referidos a la independencia, identidad, autoestima, comportamiento y la seguridad”, concluye Tryskier. Fuente: Crónica |
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